Libertad de prensa discutible.Miguel A Espino Perigault

Miguel A Espino Perigault
epnomiguel21@gmail.com

En el mundo moderno de la comunicación social  solemos considerar como realidades complementarias  la libertad de prensa y la libertad de expresión.  Documentos de las Naciones Unidas  las mencionan  como relacionadas con una  u similar  realidad. Además, con mucho acierto, se destaca la importancia    de ambas para la democracia. La libertad de expresión es superior a la libertad de prensa. .La primera es   obra de Dios. Es propia de la naturaleza humana. La segunda es obra del hombre, creador del derecho y  del comercio.

Vale recordar los orígenes del periódico.  El primer diario informativo de la historia, el Acta Diurna,  fue credo por Julio César, en el año 59 AC, bajo su gobierno, en Roma. Se informaba acerca de las actividades del Senado y otros eventos políticos y sociales. Las publicaciones se fijaban en muros y paredes   accesibles para su lectura. También se enviaban  a las provincias.

Hagamos memoria para entender el problema: La necesidad y el poder de la información y su manejo con relación al poder político, más allá de la tecnología.

En los más de dos mil años  transcurridos desde el Acta Diurna, el periódico presenta una historia de luces y sombras, que no es el caso revisar.   Pero, lo importante es reconocer que, desde Julio César hasta nuestros días, quien hae el periódico decide qué es lo que “debemos saber”, como reza el lema de CNN en español. Un lema muy pretencioso  y, naturalmente, falible, tanto para esa empresa informativa como para  todas las demás. El periódico  y otros medios de hoy se deben a la ética: De no ser así, se pierden  la finalidad moral de la información, que es la vedad, y la del medio, que es el bien común.

Más que en tiempos de los Césares,   el ciudadano de hoy debe saber discernir y exigir respeto a su derecho a la verdad. Lo que no siempre sucede  en el mundillo de la comunicación social de compromiso.

De autorizársele al alma de Julio César  una visita a nuestros tiempos, el ilustre romano  vería que –tecnologías aparte- -los hombres de su tiempo y  los   de hoy no nos comportamos muy diferente. Comprobaría, el político romano,  que  harta razón tendría  el poeta español que,  siglos después, diría; “puesto que el pueblo es necio,  es justo hablarle en necio para darle gusto”.

Y, es probable, también, que  reconocería  el ambiente pagano y  corrupto generalizado y, quizá,  el  del fatídico Idus de marzo de su asesinato, por sus pares, 15 años después del Acta Diurna, su periódico.

Acerca de Abel G. Fagundo

Abel González Fagundo. Conocido por Abel G. Fagundo. Escritor cubano, con varios libros publicados. su obra ha sido reflejada en numerosas antologías y medios de prensa del mundo hispano hablante. Ha incursionado principalmente en la poesía y la fotografía. Corealizador de la Revista Cubana de Arte y Literatura Mar Desnudo.

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