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Crónica de un Cardenal que no ha temido llevar la cruz. Blog La Calle Medio

Crónica de un Cardenal que no ha temido llevar la cruz (Por: Diego Alamino Ortega)

Por: Diego Alamino Ortega

En Jagüey Grande, una  pequeña población de la provincia de Matanzas, en la Cuba del año 1936, más precisamente el 18 de octubre, allende a la connotada calle Mora y en brazos de la comadrona Belén, vino al mundo un varón al que llamaron Jaime Lucas. Como fue hijo de Arsenio Ortega y Adela Alamino,  ha llevado durante sus 80 años los apellidos  en el orden que se acostumbra.

Jaime Ortega. cardenal. La Calle Medio Blog

Contaba su mamá,  y no debe contradecírsele, que desde la  pobreza de su ajuar infantil, resaltaba como un niño hermoso. Vivió poco el infante en Jagüey Grande, no obstante alcanzó a que se le celebraran allí  algunos  cumpleaños.  Puede ser que la primera noticia periodística sobre quién ha sido objeto de ellas en  infinidad de oportunidades, quedara estampada  en el periódico local jagüeyense,  El Clarín,  del 23 de octubre de 1938: “Para festejar el cumpleaños del monísimo niño Jaimito Ortega, sus padres ofrecieron entre sus múltiples amiguitos una piñata y un rico helado: fue un día encantador para el nene y sus progenitores; yo les deseo igual dicha”;  y firma,  Maruja.

Sorprende que hoy, adentrados en el siglo XXI no exista prensa escrita en Jagüey Grande, cuando hay constancia que  desde 1900 empezaron a latir las inquietudes periodísticas de los jagüeyenses,  y  que con el establecimiento en  1918  del poeta Agustín Acosta en esos lares,  se elevaran,  al confluir con las literarias y culturales. Curioso es ver en El Clarín el nombre de  Arsenio Ortega como Director, hombre que  no fue propiamente de letras y aunque se ha dicho de él  comerciante, fue más bien un empleado del comercio,  y de otros muchos menesteres que le permitieran sustentar a su familia.

En los  Ortega no solo Arsenio,  gozaba de inquietudes periodísticas, además de políticas y filosóficas; Juan Francisco en el año 1929 integró la célula del Partido Comunista constituida en Jagüey Grande, una de las primeras en Cuba y pasó toda su vida apegado a su ideología, lo que le trajo persecuciones y encarcelamientos. Domingo, católico ferviente, ejemplo de  maestro y ciudadano, puso el magisterio y el  periodismo en bien de su pueblo. Pilar aglutinador de esta familia lo fue Esperanza Díaz, viuda de Ortega, católica sin subterfugios, no era dada a dejar pasar momentos que la llenaban de inspiración y en  enero de 1959  brotaron del su alma simple unos versos dando bienvenida al “Año de la Libertad”: “…y vino con gran valor/ el poderoso Fidel/ salvando la Patria mía/ de la odiosa tiranía”…Las penurias de la familia Alamino no podían dejar otra heredad a Jaimito que una inmaculada limpieza de espíritu.

Cuando tenía cinco años, el niño residente en tierra adentro,  vio el mar por primera vez y quedó prendado de la  vista que ofrece Matanzas al viajero arribante;  en este caso los que llegaban  lo hacían para permanecer en la ciudad en busca de nuevas perspectivas;  trabajo,  y  estudios para el muchacho.

La enseñanza Primaria la vence en el prestigioso colegio matancero “Arturo Echemendía”, lo que le permite acceder al bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, de donde egresa como Bachiller en Ciencias y Letras en 1955. Este período convulso  de los años 50 hacen despertar en los jóvenes,  inquietudes acerca del presente y futuro de Cuba, las cuales comparte con sus compañeros de fe en la Acción Católica: René Fraga Moreno, Franklin Gómez de la Fuente y José Luis Dubrock, que a la postre entregarían sus vidas antes de poder llegar a ver cumplidas sus aspiraciones. La preocupación por el prójimo, la de llevar auxilio material y espiritual a los necesitados, que ya realizaba desde la Acción Católica, despierta en  el joven la vocación sacerdotal, ingresando con 19 años de edad en el Seminario Diocesano “San Alberto Magno de Matanzas”, dirigido por los Padres de las Misiones Extranjeras de Quebec, Canadá.

En la extensa  familia Ortega-Alamino, de 7 hermanos por cada parte,  y  a pesar de su profesión de fe católica, no había habido nunca una  vocación de religioso o religiosa, por lo que para algunos resultó una sorpresa  aquel abrazo a la cruz del joven, que se vislumbraba como el primer profesional universitario de la familia: arquitecto, médico…, en contraste con  lo que pudiera esperarse, fue Juan, el comunista, el que mejor entendió la  decisión del sobrino, quizás porque él,  en otro sentido casi igual,  hubo de experimentar lo mismo.

Los años finales  de la década del 50 transcurren para Jaime en el Seminario quién  no estuvo ajeno a la participación patriótica de muchos católicos que dieron su sangre o  cooperaron directa o indirectamente con el derrocamiento de Batista,  además  ver bajar de la  Sierra Maestra a los soldados rebeldes ataviados con collares hechos de semillas,  con cruces e imágenes de la Virgen de la Caridad del Cobre y la compañía de un sacerdote que vestía sotana verde olivo y lucía grados de Comandante en reconocimiento de su jerarquía dentro de la tropa, aunque nunca empuñó un fusil. Para el  Moncada, para el Granma, para ir a la Sierra, para incorporarse a la lucha revolucionaria, no se preguntó acerca de creencias; allí estuvieron Frank y José Antonio.

Sale el seminarista hacia  Canadá para estudiar Teología en el año 60 y permanece allí,  en esos  estudios,  hasta 1964. Si el contexto cubano de los 50 resultó convulso, no lo fue menos el período inicial de la triunfante Revolución, invasión de Girón, Crisis de Octubre, leyes revolucionarias que lesionaron a la oligarquía que disfrutaba de las escuelas privadas, muchas de ellas católicas, otras protestantes,  se conspira contra la Revolución, éxodo hacia EEUU, se nacionalizan los  colegios religiosos y  sacerdotes y religiosas que los atendían tuvieron que abandonar el país, aparecen fricciones intensas entre Revolución y religión y se duda si Jaime pueda regresar a Cuba como sacerdote; la familia consciente de lo que está ocurriendo en el país, no cree conveniente  que regrese a Cuba, pero ¿cómo alguien que se abrazó a la cruz para servir a su pueblo  puede mantenerse alejado de él?, y en una coyuntura que se da de permitir la entrada de sacerdotes, regresa a Cuba  y el 2 de agosto  de 1964 es ordenado en la Catedral de Matanzas y poco después nombrado Vicario Cooperador en el municipio Cárdenas.

En 1965 se establecieron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de trabajo,  a los cuales se llamaba  a  través del Servicio Militar Obligatorio y que según la concepción educativa gubernamental prevaleciente incorporaba a “jóvenes que no habían tenido la mejor conducta ante la vida, que habían tomado una senda equivocada y tenían el fin de ayudarlos para que pudieran encontrar un camino acertado que les permitiera incorporarse a la sociedad plenamente”. La contrastación de  este supuesto en la práctica negó las posibles buenas intenciones, dejando un rosario de resentimientos y muy pocos frutos educativos, derivados de una experiencia traumática. El joven sacerdote fue llamado a incorporarse a la UMAP con la  comprensión de  que era la cruz que debía cargar por su profesión de fe, el sufrimiento familiar fue grande, pero el sacerdote sabía que se encontraba dentro del pueblo que debía servir.

Después de los 8 meses “vividos” como el Padre Jaime en la UMAP, regresó al ejercicio del ministerio sacerdotal en su pueblo natal y poblados adyacentes: Agramonte y Torriente, a los cuáles se trasladaba como todo cubano de a pie y se le veía asistir como comensal a un comedor popular. Aquí en algún momento tuvo la oportunidad de estar acompañado por sus padres,  pero también sufrir la angustia  de ver penosamente morir a su progenitor a solo 56 años.

A la  Iglesia de Jagüey Grande  se le caía en pedazos el techo y ante las carencias de la institución el sacerdote decidió retirar las tejas y pasar los oficios a un pequeño  local adyacente, esto resultó de profundo   pesar para el presbítero que tuvo que cargar con la cruz  de ver una Iglesia deteriorada doblemente, en lo material y en lo espiritual;  la Iglesia católica es emblemática para los jagüeyenses pues en su frontis reza una tarja donde la Academia de Historia reconoce que el 10 de febrero de 1869 ondeó por primera vez en Jagüey Grande la bandera cubana. Corrían tiempos  en que se trataba de que no se pronunciara  el nombre de Dios, lo cual llegó a tal punto que se trató de omitir públicamente en el testamento político de José Antonio Echeverría una invocación que hiciera a Dios; la intervención de Fidel Castro redimió el error..

En la próxima estación fue párroco de la Catedral de Matanzas, residiendo con su madre allí mismo,  en un pequeño espacio. Oficiaba también en las Iglesias de Pueblo Nuevo, Cidra y Santa Ana, a la vez que impartía clases de Teología en el Seminario San Carlos y San Ambrosio en La Habana. Se le veía rodeado de jóvenes,  algunos de los cuales eran estudiantes de la naciente Universidad de Matanzas,  tiempos aún  de incomprensión, cuando no se permitía a un estudiante ser Alumno Ayudante o se limitaba el acceso a algunas carreras por motivos de  filiación religiosa. Es consagrado obispo de Pinar del Río en la propia Catedral de Matanzas, en 1979 y marcha hacia esa diócesis, que asumió como parte de sí mismo y  desde el ministerio pastoral. Casi tres años completos permaneció el obispo en Pinar del Río, cuando en 1982 toma posesión en la Santa Iglesia Metropolitana Catedral de La Habana como Arzobispo de la Sede Metropolitana de San Cristóbal de La Habana,  una diócesis que abarca La Habana, las actuales provincias de Mayabeque y Artemisa y la Isla de la Juventud, pero antes que nada La Capital de Todos los Cubanos, lugar donde en última instancia se deciden los destinos del país.  Esto sobrecoge el alma de aquél cubano,  que con solo 45 años,  la Divina Providencia lo ha situado en el ojo del huracán de pasiones, coincidentes y encontradas,  que desde 1959 viene caracterizando el contexto cubano.

De 1982 a 1985 se desarrolla en toda Cuba algo que se llamó Reflexión Eclesial Cubana (REC), tiempo de renovación y reflexión pastoral como preparación al primer Encuentro  Nacional Eclesial Cubano (ENEC) celebrado en 1986. La Iglesia cubana salía de un extenso letargo y se dinamizaba, se ponía a tono con la realidad con la que  debía convivir y con la que exigía convivir como parte de ella. El Arzobispo de La Habana animador de estas ideas desde su ministerio pastoral,  ha abogado porque Cuba se construya entre todos los cubanos, de aquí y de allá,  y  que el católico desde su posición de obrero, campesino, profesional, intelectual, sin tratarse de “ellos” o “nosotros”, sin significarse como grupo,  contribuyan con el desarrollo de su país.  Por la misma razón el Arzobispo se ha manifestado en oposición al éxodo que ha caracterizado el comportamiento del cubano de los últimos tiempos,  que a la vez que divide a la familia, priva al que se va de  aportar a la construcción de su país. Objetivos claros y santos los de la Iglesia, lo que ha hecho bien ha sido obra del Señor, lo que haya hecho mal… es obra del ser humano.

En 1994, llega otro momento importante para el Arzobispo y es cuando Juan Pablo II le impusiera la birreta roja y el anillo cardenalicio, como símbolos de su título de Cardenal de la Iglesia Católica. A pesar de la difíciles situaciones de Período Especial,  200 cubanos acompañaron al Vaticano al Arzobispo, algunos familiares fueron con él y en particular su mamá,  quien lo había acompañado durante su peregrinar, matancero, pinareño y habanero, ahora estaba con él, en el momento posiblemente más importante de su vida. ¡Ahora nuevamente Cuba tenía un Cardenal!

El hoy  Cardenal tiene en su haber más de medio siglo de trabajo consagrado, durante ese tiempo ha fomentado la creación de nuevas parroquias, la reconstrucción de más de 50 iglesias y casas parroquiales, el establecimiento de la casa “Jean Marie Vianney”, sede principal de las sesiones de la Asamblea General de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, y sitio donde se originan encuentros diocesanos nacionales y retiros espirituales. Ha sido electo por varios períodos presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba es integrante en la actualidad de la Curia Romana, donde es miembro de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y de la Pontificia Comisión para América Latina,

Muchos han ayudado al Cardenal a cargar con la cruz que ha entrañado el ejercicio de su ministerio pastoral en bien de su pueblo, no obstante otros se empeñan desde dentro de Cuba, desde fuera y hasta desde dentro de la propia Iglesia por empedrárselo.  Acontecimientos recientes en los que ha tenido una participación decisiva  como la liberación de prisioneros, le han valido duras  y ofensivas críticas,  quizás de aquellos que no entienden de la misericordia. Por su participación en el restablecimiento de relaciones Cuba-EEUU y por su actitud comunicativa con las autoridades cubanas le han adjudicado  calificativos y comentarios que un ciudadano decente se niega a pronunciar.

En cuanto a los intentos de acercamiento diplomático que venían haciéndose  entre Cuba y EEUU, la participación del Cardenal Ortega resultó relevante;  estas son las  evidencias en síntesis: El  senador norteamericano Leahy  envío un mensaje a Ortega Alamino solicitándole su ayuda con miras a  animar al Papa para que se involucrara en la solución de la  situación de las relaciones Cuba-EEUU, que tenían como punto neurálgico a  Los Cinco Héroes y a Alan Gross.  El purpurado contestó positivamente,  a la vez que  solicitó algo en concreto  para  presentar al Sumo Pontífice. La concreción llegó en  carta  en la que se solicitaba que el Papa, pusiera  a Cuba en su agenda en la entrevista que muy pronto tendría con  el  Presidente  Obama; otras misivas con iguales intenciones y otras vías, se hicieron llegar al Vaticano. La visita del  Presidente de EEUU se realizó y el asunto fue tratado, con buena disposición de la parte norteamericana. Pasado algún tiempo  no se habían presentado avances perceptibles, por lo que el Sumo Pontífice encarga al Cardenal Ortega que entregue al Presidente cubano y al norteamericano cartas instándolos al establecimiento de una nueva fase de las relaciones. Si para el Cardenal Ortega no resultaba difícil entrevistarse con el Presidente de su país, con el de EEUU sí. Altos dignatarios de la Iglesia Católica que tenían canal de comunicación con el Presidente norteamericano se brindaron para hacer la entrega a Obama, pero la carta, cuyo texto no se ha divulgado aún, por decisión papal debía entregarla el Cardenal Ortega personalmente. El Cardenal McCarrick   uno de los que se ofreció a entregar la carta al Presidente norteamericano facilitó un encuentro secreto entre Ortega y Obama. Ortega ofreció una conferencia en la Georgentown University, que justificaba su presencia en Washington y discretamente se dirigió a la Casa Blanca, donde en sus jardines,  se reunió con el Presidente norteamericano, su visita no fue asentada en el registro de visitantes para que no trascendiera. El mensaje trasmitido por el Cardenal Ortega a los dos presidentes contribuyó significativamente a desbloquear las negociaciones, ambos recibieron con beneplácito, la visita que les hiciera el Cardenal Ortega como enviado del Papa.

Los negociadores cubanos y norteamericanos fueron invitados al Vaticano y si en  Canadá habían sido estrictamente diplomáticos y binacionales los encuentros, ahora estaban mediados por el Cardenal Parolini, Secetario de Estado de Vaticano, al que se unió el Cardenal Ortega.

Los resultados finales de estas negociaciones, realizadas en forma muy discreta y  en las que estuvieron involucradas muchas personas,  de diferentes orientaciones políticas y filosóficas,  pero con diáfanos  intereses en  hallar una reconciliación entre Cuba y EEUU,  son  ya ampliamente conocidos;  la actuación del Cardenal Ortega, progresivamente se ha estado revelando  y muestran la humildad  y contundencia con que asumió lo que  la Divina Providencia  le deparó.

Obama apenas llegado a Cuba tuvo la deferencia de devolverle la memorable visita que Ortega le hiciera en la Casa Blanca;  allí en la Catedral de La Habana recibió el Cardenal cubano al Presidente norteamericano con su familia, esta vez sin secretos.

Ortega Alamino,  en 2011 a los 75 años de edad, cumpliendo  regulaciones eclesiales  había solicitado al Papa su renuncia como Arzobispo, la cual no se hizo efectiva hasta arribar a los 80; ahora el Cardenal Ortega es Arzobispo Emérito y  continúa apegado a la cruz en  su servicio pastoral y como Príncipe de la Iglesia Católica.


Cada trabajo expresa la opinión del autor y no necesariamente los puntos de vista de quienes editan este blog.

PREMIO NACIONAL DE LITERATURA PARA LINA ¡YA!

Origen: PREMIO NACIONAL DE LITERATURA PARA LINA ¡YA!

Por Laura Rodríguez Fuentes

La belleza de lo entendible, último poemario suyo, fue uno de los textos presentados este 30 de marzo en el Programa Literario.

La poesía es un don. Se nace con la capacidad de escribir versos o no. Lina de Feria recibió de los dioses la doble cualidad de cautivar almas, de provocar inmensos placeres o dolores infinitos con su pluma. Se llora con ella, se siente un goce absoluto.

El poemario La belleza de lo entendible salió a la luz muy tarde el pasado año cuando la feria estuvo dedicada a ella. Se presenta, entonces, en esta edición siguiente.

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El poemario de Lina de Feria fue presentado este 30 de marzo en Santa Clara. (Foto: Carolina Vilches Monzón)

«Reúne clásicos mías, que la gente pide siempre y, también, mucho material inédito —explica ella—. Algunos fueron escritos a la edad de quince años. Bastante completa, para ser una antología que reúna parte de mi obra, que es muy amplia».

Lina de Feria te estruja el corazón, te hace desear que no cante ni un pájaro, que los autos detengan su andar cuando lee sus poemas en público. Es también,  de las poetisas imprescindibles en la historia cubana, a la que nunca han otorgado el Premio Nacional de Literatura. Nadie se lo ha explicado nunca, Lina tampoco sabe por qué.

«Yo no puedo tener un criterio exacto sobre ese asunto. La realidad es que hay mucha gente que cada vez que otorgan el premio, y no me incluyen, forma una especie de movimiento, como el de los indignados. Te hablo de increíbles figuras, de mucho respeto en el arte, hasta del propio pueblo.

«Ya yo estoy casi de salida, pero sí creo que se han cometido ciertas banalidades a través de la existencia de los premios nacionales.  No lo digo porque yo no esté incluida, pero, por ejemplo, que no tuvieran en cuenta a Serafina Núñez, a Rafaela Chacón y una serie de escritores importantes, te da la medida de que existe causalidad y casualidad en ello. Dicen que me tiene que llegar el jurado especial que sea el que dictamine. De todas formas, si tengo tantos indignados a mi favor, creo que soy popular».

¿Lina, usted sigue escribiendo poesía?, le pregunto cuando difumina la sonrisa que le causó su última afirmación. «Claro que sí, saco este álbum y tres libros más, uno de ellos para niños. Yo sigo escribiendo siempre».

Tomado de Vanguardi

UN NOBEL PARA DYLAN: ¿LO QUE FALTABA?

dylan Críticos literarios han reconocido la enorme influencia que ejerció Bob Dylan en varias generaciones de escritores. (Foto: Tomada de internet).

Por Carlos Alejandro Rodríguez Martínez

La concesión del Premio Nobel de Literatura 2016 al cantautor norteamericano Bob Dylan ha provocado reacciones polarizadas en los medios de comunicación.

Antes de que la Academia Sueca proclamara Premio Nobel de Literatura 2016 a un cantautor, y no a un novelista, no a un ensayista, no a un poeta o a un periodista, Inglaterra había decidido desprenderse de la Unión Europea, Barack Obama había aterrizado en La Habana, y la opción del No había vencido a la opción del Sí en el plebiscito de Colombia. Unas semanas más tarde, aunque nadie lo previera aún, Donald Trump se convertiría en el cuadragésimo quinto presidente electo de los Estados Unidos de América. Y mucho antes de que la Academia Sueca saltara a los titulares de los medios de comunicación…

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