La tolerancia tiene dos vías. Abel G. Fagundo

Basta una pequeña llama que encienda un tema, una contradicción y en breve, aparecerán las palabras violentas de quien no sabe defender un criterio sin rabiar. Somos seres humanos, criaturas imperfetas y está bien –y es lógico- que de vez en cuando las pasiones se enciendan, más aún cuando nos corre está sangre mestiza, caliente, inmensamente rica. Pero si el único recurso para defender lo que piensas es la violencia verbal hueca, si ese es el único recurso, entonces dudaré profundamente de tu visión de la verdad. No hay que temerle al debate, ni a la vociferación ignorante; pero ¿valdrá la pena tomarla en serio?
La tolerancia (un concepto muy mal interpretado) tiene dos vías; tolerar no significa estar de acuerdo. La gente inteligente, con sentido común expresa su razones, las defiende; los otros abultan la mochila de adjetivos manidos –con apariencia de fuerza- No se defiende bien quien mucho grita, eventualmente dejaremos de escucharle.

 

Por: Abel G. Fagundo

La muerte física de Frank Abel Dopico

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Frank Abel Dopico

En feedbook, en la página de Arístides Vega Chapú, leí la noticia sobre la muerte de Frank Abel Dopico. Hice un breve comentario –en el muro, lamento de quien pierde un desconocido cercano- de lo que significó su poesía para quienes comenzábamos a escribir en los noventa. Él fue uno de los 26 elegidos de “Retrato de Grupo”; una antología que leímos profusamente y que tuvo –no lo duden- sus efectos contaminantes sobre muchas de nuestras concepciones estéticas de entonces. La antología ha superado ya sus primeras tormentas de tiempo. “Retrato..” es –en un país que con frecuencia produce reuniones poéticas sobre el papel impreso– un ejemplo exitoso. Se me escapan –estoy seguro- la mayoría de las variables que coincidieron para convertir este libro en el referente que es hoy; sin embargo, la más importante está muy a la vista y es la calidad individual de cada uno de esos poetas, que construyeron en su conjunto un significativo corpus poético.

Al Dopico humano, al hombre que hay detrás de sus versos, al actor itinerante, al ingenioso lector, casi no lo conocí. Sé muy poco de él y no leí más allá de “expediente del asesino,1991 “ (entonces aquellas lecturas fueron suficientes para el acercamiento y la sorpresa) Su nombre, su poesía, estaban alojadas en un lugar remoto en mi memoria, no olvidados; pero tampoco cotidianos y vino la maldita muerte a hacer lo suyo, a recordarme deudas, portadas, influencias. Ahora volveré a leerte, con la quietud y el rigor que su poesía nos exige. En sus textos está, la única batalla posible contra la muerte.

Marilyn Bobes publicó en Oncuba[1] –con prontitud atinada- el artículo “Requiem por Frank Abel Dopico”, recomiendo su lectura, sus palabras contienen el homenatico inicial, lo necesario, no para despedirnos del poeta, si no para comenzar su recibimiento definitivo.

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Por: Abel G. Fagundo

[1] http://oncubamagazine.com/cultura/requiem-por-frank-abel-dopico/