Internet es como la mezcla vital que respiramos

POR: AHMEL ECHEVARRÍA

Fui cordialmente invitado a formar parte del panel “Internet, el escritor y la escritura de ficciones”. La cita sería uno de los momentos del Coloquio Nacional de Narrativa dedicado al ensayista y crítico Salvador Redonet y al poeta y narrador Alberto Rodríguez Tosca. El coloquio tendría lugar en la Sala Villena de la UNEAC en los días finales de marzo del 2016.Por supuesto, acepté. Porque me vería obligado a dejar por escrito cómo entiendo el contexto de la literatura cubana, o de la ficción, en la Cuba del siglo XXI. Al menos en Cuba no cabe otra posibilidad si tomamos en cuenta la accesibilidad a Internet y el momento en que comienza no a democratizarse, porque ese tema es harina de otro costal, sino a volverse herramienta y brecha para distanciarse de las instituciones y arribar al paraíso o al páramo de la gestión independiente.En términos generales, si acaso debería precisar que el título del panel ubica al escritor, y a las instituciones interesadas en la literatura, en el nuevo siglo y milenio. Internet es como la mezcla vital que respiramos. Está ahí. Con su buena porción de smog. Pero muchos ni siquiera se preguntan cuál es la composición de cuanto respiran. De la misma manera pasa con Internet.

Ubicado ya en el “teatro de operaciones”, hago entonces una suerte de recuento de las zonas de enfrentamiento o los puntos generadores de polémicas según viejos paradigmas: la letra impresa fidedigna fuente de conocimiento, no así la gran veta de información hipervinculada a contenidos multimedia elaborados, publicados y compartidos de manera democrática o no por instituciones privadas y públicas, o por aficionados y profesionales; el papel impreso entendido cual verdadero y único espacio de legitimación para la poesía, la ficción, el ensayo y la crítica contrapuesto a la World Wide Web -usualmente tenida como sinónimo de Internet, en realidad es un sistema de documentos con hipertextos y/o hipermedios enlazados y accesibles a través de Internet; los portales, sitios web, blogs y los espacios transmedia en tanto ejemplos- y los libros electrónicos; por último, los sistemas tradicionales utilizados en la promoción, legitimación, distribución y venta frente al empleo de las redes sociales, la blogosfera y los espacios virtuales para la asociación, socialización, venta e impresión por demanda.

¿Por cuál “caballo” deberíamos apostar? ¿Por el del imperio Guttemberg o por el de la filosofía de ARPANET?

Cuando lucidez y astucia son las variables de la ecuación que tiene al papel y/o a Internet como teatro de operaciones, el resultado proporciona no pocos dividendos: consumidores. Una buena suma de lectores significa rating, ranking, también poder real en tanto sujeto o institución que produce, socializa y comercializa contenidos, los cuales podrían marcar tendencias. Hablo aquí de influir en consumidores comunes y corrientes, profesionales y artistas, o a nivel de Estado y Gobierno. En este punto a la literatura, es decir, al escritor, le corresponde sencillamente el papel del intelectual, no el del político.

Si los contenidos publicados tienen un consumidor real, y si además los textos socializados responden a la necesidad de escribir sobre aquello considerado “la verdad” -entendida tal como lo hace Bertold Brecht, entonces habría de tenerse en cuenta las cinco dificultades para expresarla: el valor de escribirla, la perspicacia de reconocerla, el arte de hacerla manejable, el criterio para escoger el destinatario y la astucia para difundirla-, el creador de ese contenido se situará, irremediablemente, en una postura cívica y política que encontrará resistencia.

No creo haberme salido del tema, porque a la literatura o a la ficción le interesa todo. La apuesta entonces no se decide solo con la elección del tema por parte del escritor, también importan la manera o postura desde la cual el escritor elije de ese todo, y la traducción a la literatura de aquello que constituye preocupación, duda, molestia. A su disposición el escritor tendrá más de una herramienta, propia del tiempo que le tocó en suerte, para hurgar en los bolsones de conocimiento, producir conocimiento y socializarlo. ¿Acaso todavía es menester la “ciberalfabetización”? Sí. Por legiones se pueden contar quienes habitan un universo analógico y no digital.

Permítanme entonces una suerte de recuento.

De esta época son los blogs, escenarios ideales para compartir contenidos sin que necesariamente de por medio haya una casa editorial, editor o revista. Esta independencia tiene una zona de riesgo: el bloguero es responsable de su propio ascenso o caída. Las revistas y fanzines saltaron al entorno virtual. En el caso cubano, hubo una época en que el tamaño de las revistas y e-zines no debía ser mayor de 1 Mb, para su distribución se tomaban en cuenta los servidores de correo nacionales. Como ejemplos están las extintas 33 y 1/3, Cacharro(s) o the revolution evening post; si las menciono, la razón no es otra que la “ideología de grupo” y la necesidad de establecer una genealogía desde la cual los realizadores de las revistas deseaban ser leídos, entendidos.

Decían a las claras “léanme desde Witold Gombrowics, Guillermo Rosales, Paul Auster.”. Tácticas y estrategias. Esto, por supuesto, es una variante de hacer ficción, y tampoco es novedad. En este arriesgado acto de ejemplificar hablaría de las webs institucionales y proyectos independientes para la promoción de la literatura cubana. Cubaliteraria y Caimán Barbudo como ejemplos en el apartado institucional, Isliada y Claustrofobias entre quienes una vez fueron nombrados como “proyectos de autor”. Resulta difícil sostener en el tiempo un proyecto desde la independencia,más si se realiza, literalmente, por amor al arte. En Cuba hubo un momento dorado para los e-zines y revistas digitales literarias, creo advertir que lo mismo ha sucedido con blogs y webs de igual temática. Ahora los espacios digitales dedicados al periodismo y la crítica se llevan las palmas. Como ejemplos OnCuba, Havana Times, CiberCuba, Cuba Contemporánea / Cuba a Contraluz, El estornudo, entre otros. Si los nombro es porque allí los narradores han encontrado espacio para publicar nonfiction o Nuevo Periodismo.

Volvamos a las revistas digitales. Las que ahora suman lectores dejaron atrás la distribución por e-mail, porque tienen a Internet y al Paquete semanal para el almacenamiento y socialización de propuestas que ambicionan visualidad y trozos de la tarta llamada Mercado. 1 Mb es demasiado poco para la publicación de contenidos no precisamente literarios: modas, deporte, música, cine, fotografía, televisión, la  farándula, etc. Su consumidor no es el de Cacharro(s) o 33 y 1/3, aunque lo incluyen. Por cierto, hay algunos escritores en sus equipos, o los escritores y la literatura han llegado a incluirse como tema de entrevistas y artículos; algunas dedican una sección a la publicación de textos literarios. ViStar, Negra, Garbos, Venus, Adrenalina o Play Off, por citar algunas, podrían ser útiles para el teatro de operaciones de la teratura en tanto posible estrategia de creación e inserción.

Aunque no marchan en cuadro apretado en la vanguardia, vale no pasar por alto los transmedia. En ellos la ficción tiene cabida por derecho propio.

¿Qué podría quedarme en el tintero? La parte del delirio: no sería descabellado pensar en aplicaciones para tabletas y móviles si el objetivo es la socialización de ficciones. Sí: descarga y venta de contenidos. ¿Debo recordarles que sigo hablando de “Internet, del escritor y de la escritura de ficciones”

El verdadero reto del emprendedor, lo cual incluye al narrador, es no pasar por alto las herramientas y recursos que están a mano. ¿Acaso no podría gestarse una publicación pensada para el contexto literario vertiginoso, ladino y voraz como ViStar, o crear una app similar a Cuba a la Mesa enfocada en la literatura? Digamos, por ejemplo, una “Habana Revista de Libros” -o “Liga contra La Ceguera”- que intercale entre las páginas la promoción de negocios privados, o la app “Cuba en tu Librero”.El problema, creo, no solo está en la independencia del proyecto y la calidad de los contenidos pensados específicamente para web y dispositivos móviles: es necesario tener en cuenta los ingresos o beneficios de quienes dirigen el proyecto y de los colaboradores, porque el trabajo intelectual cuesta.

Una gran parte de la vida del hombre y la mujer de hoy, es decir, de no pocos hombres y mujeres, transcurre en el entorno virtual. En las redes sociales se toman decisiones que modifican nuestro devenir. Ya no está en juego el reinado de la televisión, ahora los smartphone más un etcétera que incluye la gran gama de dispositivos móviles campean por su respeto. Es una decisión personal estar de espaldas o no al uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC´s). Porque conseguir un like más sí marcará la diferencia.