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La revista Sputnik (del blog Soviet Cuba: Identities in Transition)

La última revista Sputnik que recuerdo haber leído en Cuba fue la número 12, correspondiente a diciembre de 1988, y en cuya portada aparecía la imagen de Miss Moscú. En ese mismo número aparecía un artículo sobre Lavrenti Beria, oscuro personaje de la época estalinista. Beria estuvo al frente de la KGB por 15 años, y tras la muerte de Stalin fue juzgado y condenado al pelotón de fusilamiento por su amplio expediente criminal.

Tuve ese ejemplar de Sputnik conmigo durante mucho tiempo, y en algunas de mis muchas mudanzas y cambios de país, lo he perdido. Creo que fue el último que compramos en mi casa. Me recuerdo pensando que si Sputnik estaba publicando, en primera plana, información sobre un concurso de belleza, es que las cosas estaban yendo mal en la URSS.

Buscando información para este post, he encontrado versiones distintas sobre la fecha exacta en que dejó de circular la revista en Cuba, pero ninguna de esas versiones está sustentada por algún hecho concreto y todo se reduce al recuerdo de quienes escriben -como yo, ahora mismo. Tania Díaz Castro, por ejemplo, afirma que el último número que circuló fue el 11, correspondiente a noviembre de 1988.

La revista, que comenzó a publicarse en la Unión Soviética a fines de 1966, para conmemorar el décimo aniversario de la puesta en órbita del primer satélite de igual nombre en 1957, se editaba mensualmente, y era traducida a numerosos idiomas y distribuida a diferentes países. Era una publicación de la agencia de noticias Novosti. El inicio de la edición en español data de 1975, por lo que asumo que por esas mismas fechas fue presentada al público lector cubano. Habrán salido, en total, unos 160 números -poco menos, tal vez-. En mi casa, mi padre siempre las compraba, y recuerdo que teníamos una colección importante que en algún minuto desapareció, como desaparecieron muchas otras cosas de mi vida en Cuba.

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Una de las secciones que más me gustaba -la revista traía varias secciones: sobre las ciencias, los deportes, humor, personalidades, etc- era la de literatura. Recuerdo vívidamente un cuento sobre una zarina, por ejemplo. O un artículo sobre León Tolstoi. Recuerdo también un artículo sobre una paracaidista soviética cuyo paracaídas no abrió y pese al accidente, logró sobrevivir y regresar a las alturas para seguir lanzándose al vacío desde un avión en movimiento. Y es que muchos de los artículos tenían ese tono de heroicidad y grandeza con el que por entonces mirábamos a la URSS.

Cuando el tono de ejemplar excepcionalidad de los sóviets dejó paso a las historias sobre las barbaries cometidas por Stalin, o sobre los problemas reales del país, que habían sido marginados y censurados durante años, el gobierno cubano se apresuró a prohibir la revista. Lo mismo pasó con otras publicaciones provenientes del lejano Moscú, que eran nuestro mayor referente sobre lo que pasaba en aquel país: Novedades de Moscú, Misha, La mujer soviética, Unión Soviética… Durante esos mismos años soviéticos, se expendían revistas de corte similar provenientes de otros países socialistas, como de la RDA y de Checoslovaquia.

El último año en que se ofrecieron carreras universitarias para la Unión Soviética y Checoslovaquia, principalmente, fue en 1989. Todavía para el inicio del curso escolar 1989-1990 hubo estudiantes cubanos que viajaron a esos países para iniciar o perfeccionar el estudio del idioma, o que se sometieron a igual preparación en facultades de lenguas en Cuba. Ninguno de ellos, sin embargo, se graduó en esos respectivos países: algunos nunca pudieron salir de Cuba; otros tuvieron que regresar a mediados de curso o al finalizar el primer año, y muchos emigraron hacia un tercer país europeo, negados a regresar a Cuba. Los convenios de colaboración en materia de educación se terminaron ese año. Casi en su totalidad, los estudiantes que optaban por ir a estudiar a un país del bloque socialista, sobre todo a la Unión Soviética, habían adquirido la mayor parte de sus conocimientos y admiración por el país de los sóviets a partir de las publicaciones provenientes de allá que circulaban en Cuba.

En conversación con Oneyda González, en Camagüey en el verano de 2009, mientras hablábamos del documental dirigido por Gustavo Pérez, y para el cual ella escribió el guión y concibió la idea original, Todas iban a ser reinas, me comentaba que:

Una de las cosas que me vino de inmediato a la mente era eso: ¿qué pasó con el modelo de mujer en el que yo me formé? Porque yo soy una mujer que todavía me formé leyendo revistas como La mujer soviética. Yo recuerdo que yo quería ser bailarina, o científica, o cosmonauta. Eran esos los modelos y además, era interesante (…) Yo me acuerdo que en las páginas centrales de aquellas revistas venía la vida del hogar de aquellas mujeres que tenían un buen marido, que podían desarrollarse plenamente en la vida social y eran un modelo de lo que yo quería ser.

Fue a partir de la información publicada en esas revistas, así como a la formación ideológica y sentimental impulsada desde la cultura y la educación formal, que se creó una subjetividad social cubana ligada a modelos provenientes de la URSS -y el resto del mundo socialista, aunque en menor grado. Una vez desaparecidas las revistas, y también el modelo socioeconómico que las sustentaba, gran parte de quienes se (nos) formaron bajo esos preceptos estéticos, siguen sintiendo una afinidad sentimental por un pasado común que está escrito, en gran medida, con letras del alfabeto cirílico (1).

Como bien comenta Rafael Rojas en su artículo “Souvenirs de un Caribe soviético”,

…entre 1986 y 1989, durante los tres años decisivos de la perestroika y la glásnost, se produjo una radical inversión del campo referencial soviético en la cultura cubana: de ser un lugar metropolitano y paradigmático, fuente de valores y lenguajes de legitimación, Moscú pasó a ser, bruscamente, una ciudad subversiva, disidente, exportadora de ideas y gustos desestabilizadores para el socialismo cubano. El momento culminante de esa inversión fue el editorial de Granma, del 4 de agosto de 1989, titulado «Una decisión inaplazable, consecuente con nuestros principios», en el que se anuncia el cese de la distribución de Novedades de Moscú y Sputnik, por ser publicaciones:

…portadoras de puntos de vista y posiciones respecto a la construcción del socialismo, a partir de una determinada interpretación de la experiencia soviética (…) En estas publicaciones se niega la historia anterior y se caotiza el presente. Escudándose en la imprescindible diversidad de opiniones, se divulgan fórmulas que propician la anarquía. El análisis de la forma de actuar y utilizar los principios rectores del marxismo-leninismo acorde con las nuevas condiciones históricas, introduce elementos que conducen a su negación (…) En sus páginas se descubre la apología de la democracia burguesa como forma suprema de participación popular, así como la fascinación con el modo de vida norteamericano (22). (2)

Carlos Monsivais, en un artículo publicado en Proceso el 19 de agosto de 1989, se refiere el mismo artículo que Rojas, pero menciona que fue publicado el 14 de agosto, y no el 4. Carlos Espinosa Domínguez, al referirse al mismo editorial, coincide con la fecha de Rafael Rojas: el 4 de agosto de 1989.

Según afirma Alvaro Alba, en el número de agosto de 1989, la edición en ruso de Sputnik avisaba a los lectores que tanto esa revista como Novedades de Moscú habían sido prohibidas en Cuba y que ese mismo número de Sputnik había sido sacado de circulación en Cuba.

La edición en ruso (…) de agosto de 1989 (…) tiene una pequeña nota en la parte baja de la segunda página donde informa que por acuerdo de las autoridades cubanas se suspendió la distribución de las publicaciones en español de “Novedades de Moscú” y “Sputnik”, ambas pertenecientes a la Agencia de Prensa Novosti (APN).

El editorial en cuestión de Granma al que he aludido antes no viene firmado por nadie en particular. Sin embargo, para fines de ese mismo año de 1989, Fidel Castro se refirió al fin de la circulación de las susodichas revistas, y según Marvyn Baín, el 8 de diciembre de 1989 el periódico Granma reproducía sus opiniones al respecto:

We could not hesitate to prevent the circulation of certain Soviet publications which have been against the policies of the URSS and socialism. They are for the ideas of imperialism, change and the contrarrevolution” (50). (3)

Para entonces, ya las revistas no circulaban en Cuba. Con el paso de los años, los ejemplares que han sobrevivido se han ido convirtiendo en objeto de culto para coleccionistas y amantes de la arqueología histórica y literaria del socialismo soviético.

Mientras hacía mis propios ejercicios de arqueología cibernética, he encontrado este sitio dedicado en exclusiva a la revista Sputnik. Acá les dejo el link y la introducción al mismo.

Tomado de: https://sovietcuba.com/